• Historia real sobre la Hepatitis C

    Lee la historia semana tras semana

    Capitulo 1. Bienvenida Ingrid

    Cuando Carmen se fue a dormir percibió que sería una noche difícil, no sabía exactamente por qué, ya que lo últimos tres meses de su embarazo habían sido particularmente difíciles. Dolor abdominal, piernas inflamadas, muchas náuseas y reflujo eran algo cotidiano; eso sin contar que un abdomen tan grande siempre hacía pensar, si volvería a su tamaño original.

    Aunque estas circunstancias parecían parte de su rutina, sabía que siempre había riesgo de tener que acudir a urgencias. En más de una ocasión fue hospitalizada por elevación de la presión arterial, incluso llegando a considerar la posibilidad de interrumpir el embarazo, ya que esto podría comprometer su vida y la de Ingrid, su futura hija, que había esperado mucho tiempo, ya que sus problemas de fertilidad retrasaron por varios años el ansiado primer embarazo.

    Casi cuando habían perdido la esperanza de poder tener un bebé, sin embargo, hace casi nueve meses, por fin lograron que Carmen se embarazara, lo que les trago una gran felicidad, finalmente ser la hija mayor una familia muy unida, creaba presión para hacer crecer la familia. Desafortunadamente esta felicidad se vio opacada por una imprevista hospitalización de su esposo, que por una apendicitis complicada falleció debido a una infección, la cual después de dos cirugías y casi dos semanas en terapia intensiva no fue posible controlar.

    Esta gran pérdida fue muy dolorosa, sin embargo, la esperanza de la llegada de Ingrid - que era como su esposo había querido que se llamará su primogénita, en honor a su abuela - mantenía a Carmen animada para seguir adelante, y este mismo ánimo, la llevó a tolerar todas las molestias de un embarazo complicado, para ella todo valía la pena, simplemente quería ver la imagen de su esposo en la futura Ingrid.

    Algo que le llamó la atención era que Ingrid no estaba tan activa como de costumbre, era como si estuviera dormida, pero eso era extraño, ya que era una beba muy activa, y un poco noctambula. Por lo que esta repentina paz, tuvo un efecto paradójico en Carmen, que a pesar de sentirse muy fatigada y con los pies más inflamados que nunca, no lograba conciliar el sueño, un poco de dolor de cabeza y centelleos al cerrar los párpados ayudaron a mantenerse despierta hasta las tres de la madrugada, cuando finalmente decidió levantarse y despertar a su hermana Alejandra, para que la llevará a revisión al hospital.

    Alejandra la hermana menor de Carmen, apenas terminada la preparatoria, decidió pasar sus vacaciones ayudando a su hermana, quien tenía serias limitaciones en sus actividades por el embarazo. Ya en dos ocasiones previas se había levantado de madrugada, para tocar la puerta del vecino quien manejaba un taxi y en casos de urgencia las apoyaba para llevarlas al hospital. Sin embargo, en esta ocasión el Volkswagen amarillo no estaba estacionado en la calle, a pesar de tocar la puerta en múltiples ocasiones, nadie respondió a su llamado. Después de algunos minutos y al percibir el frío la mañana, pensó que tendría que caminar y buscar el sitio de taxis que estaba abierto día y noche, pero tendría que caminar cerca de veinte minutos; ante la disyuntiva de regresar a informarle a Carmen y ponerse algo más abrigador, decidió apresurar el paso e ir directamente a buscar un taxi.

    Alejandra tenía buena condición ya que entrenaba atletismo desde la secundaria, pero sin duda caminar por calles desiertas a bajas temperaturas, le agregaba una gran dosis de miedo y adrenalina, por más rápido que iba sentía que no avanzaba, y a pesar del frio sudaba, el miedo a que Carmen e Íngrid empeoraran, la tenían en un nivel de ansiedad altísimo.

    Finalmente, a lo lejos observó un foco amarillo, alumbrando una imagen de la virgen, que indicaba que el sitio de taxis estaba próximo. Tras algunos minutos más logró encontrar al chofer del taxi en turno, a quien le pidió que fueran unas cuadras más adelante por su hermana y se dirigieran al hospital. Fue al subirse al auto que percibió la temperatura real de esa hora de la mañana, ya sin la agitación y más tranquila por haber encontrado un medio de transporte, sintió como los pies se le congelaban, y comenzó a temblar, no sabía si de miedo o de frío.

    Al llegar a casa y tocar la bocina del auto para Carmen saliera, no se obtuvo respuesta, y tras dos eternos minutos de espera, Alejandra pidió al chofer que la esperara y entró a buscar a su hermana. En el pequeño departamento había pocos lugares donde buscar, pero tras dar una vuelta no logró encontrar a su hermana. Solo después de volver a revisar el departamento observó que Carmen estaba sentada en el suelo al lado de la cama, actuando de un modo extraño, repitiendo palabras sin sentido.

    Alejandra hizo su máximo esfuerzo para levantar a su hermana y llevarla al taxi, parecía que hubiera bebido alguna bebida alcohólica o estuviera bajo el influjo de alguna droga. Finalmente, al salir a la puerta del edificio el chofer logró verlas y se apresuró a cargar a Carmen y ayudarla a entrar a la parte de atrás del pequeño Volkswagen. No hubo necesidad de indicarle al chofer que manejara lo más rápido posible, ver a Carmen y la ansiedad de Alejandra era más que suficiente. Intentaba tranquilizar la situación comentando el poco tráfico que había, sin embargo, viajar de la periferia de la ciudad hasta el hospital de maternidad en la parte más céntrica, tomo cerca de cuarenta y cinco minutos que parecieron horas.

    En la camilla Carmen apenas reconoció a su hermana, balbuceaba y se quejaba de un fuerte dolor de cabeza. Alejandra le tomaba la mano, intentando que con este gesto la dejaran entrar hasta la sala de urgencias, pero su voluntad se vio truncada en la puerta, donde le pidieron que esperara, y en cuanto hubiera alguna información le hablarían. Pocas fueron las súplicas de Alejandra al médico que le impidió el acceso a la sala de urgencias, le rogaba que las salvara a la dos, que hicieran todo lo posible porque sobrevivieran.

    Ya un poco más tranquila, Alejandra se percató de lo mal preparada que estaba para la ocasión, apenas unas sandalias, ropa muy ligera y un chaleco; era todo con lo que contaba para esperar largas horas, en una sala que aunque llena de personas, la temperatura era bastante baja. Ni el frío de la sala, ni la escasa vestimenta eran tan desagradables, como ver salir al médico por la puerta del servicio de urgencias para hablar con los familiares de otros pacientes, y a ella nadie la buscaba.

    Ya tenía tres horas de espera, y ninguna noticia de Carmen e Ingrid, en esos momentos no se sabe si la falta de noticias es un buen o mal augurio. El frío y el hambre comenzaron hacer estragos en la voluntad de Alejandra para mantenerse despierta, así que busco algo de dinero para salir a comprar un sándwich y un café, que le ayudaran con la espera. Salió a la calle en búsqueda de algo que pudiera comprar y justo al regresar observó cómo sus compañeros de espera le hacían señas para volviera. El médico la estaba buscando, y como pudo volvió corriendo a la sala de espera, donde le tenían noticias.

    A decir del médico de urgencias, la situación de su hermana y en consecuencia de Ingrid, era grave, ya que los niveles de presión arterial eran muy altos, afectando varios órganos vitales, se intentó reducir la presión arterial, pero también Ingrid estaba mostrando datos de sufrimiento, por lo que lo más adecuado era realizar una cesárea urgente. Sin embargo, una cirugía en esta enfermedad (eclampsia), tiene riesgos muy altos, tanto para la paciente como para el producto, ya que presentaba alteraciones de la coagulación, lo que aumentaba el riesgo de una hemorragia grave, y comprometer la vida de ambas. Pero no tenía más opciones, y de retrasar más la cirugía, se aumentaban las probabilidades de que Ingrid tuviera algún daño a largo plazo. Es increíble cómo el cerebro puede procesar tantas cosas al mismo tiempo, Alejandra se planteó un sinfín de escenarios, y en menos de un minuto autorizó la cirugía y lo que se necesitará para la realización de la misma.

    Le entregaron una serie de documentos para que los firmará y se diera a paso a la cirugía; evidentemente los términos médicos, la mala impresión del documento y las letras tan pequeñas, volvieron esa firma un acto de fe, ya que desconocía todo lo que ahí venia escrito, pero la confianza en el médico y la urgencia para que su hermana fuera intervenida quirúrgicamente, la llevaron a firmar los incomprensibles documentos.

    Sin darse cuenta, Alejandra se quedó dormida apenas terminó su café y el escueto sándwich que pudo comprar. Está de sobra decir que el cansancio físico y emocional de Alejandra le permitió encontrar posición en esas frías y descompuestas sillas que están las salas de urgencias. Alejandra soñaba que una niña pequeña (Ingrid), le lanzaba una pelota y reía fuertemente, casi como si llorara de felicidad por jugar con esa pelota. Todo parecía un cuento de hadas, con su hermana al lado observando cómo su hija y su tía se divertían tanto. La risa de Ingrid era muy intensa, y en el ir y venir de la pelota, le golpeó en la cabeza y al brincar por la sorpresa del inofensivo golpe, Alejandra despertó.

    Esa sensación de felicidad se derrumbó rápidamente al darse cuenta que seguía en la sala de urgencias, y que los gritos de felicidad de su sobrina, eran en realidad el llanto de un niño que esperaba ser atendido. Tardó algunos segundos en lograr ordenar todos los eventos que había acontecido hace ya casi doce horas. Después de ir al sanitario a mojarse la cara y tratar de arreglar un poco su cabello, Alejandra regreso a la espera, y a los pocos minutos vio unas caras conocidas que venían a hacer compañía. El chofer del taxi se encargó de informar a toda la colonia sobre la situación, por lo que las amigas más cercanas de Carmen llegaron al hospital para ofrecer su ayuda y apoyar a Alejandra, quien sin duda necesitaba descansar y comer correctamente.

    Todas las estrategias de disuasión que una mujer conoce fueron insuficientes para convencer a Alejandra de siquiera salir al parque que está frente al hospital y para esa hora, comer algo; por supuesto la idea de regresar a casa y volver para el turno de la noche, quedó completamente fuera de discusión. Cuando casi se cumplían diez y seis horas de haber llegado al hospital, se escuchó en el sistema de voceo del hospital que buscaban a Alejandra en terapia intensiva. Esa sola información le traía esperanza, sabía que Carmen estaba viva, probablemente muy grave, como para estar en terapia intensiva, pero finalmente era una esperanza. Entre el complicado diseño de los hospitales, y la ansiedad de recibir noticias de su hermana, Alejandra camino por muchos pasillos, todos idénticos, preguntando a cada médico o enfermera donde se encontraba la sala de espera de terapia intensiva.

    Finalmente llego, y pregunto a la recepcionista si sabía quien la había voceado, a lo que solo recibió por respuesta un monosílabo -espere- , Alejandra se quedó de pie, esperando que alguien apareciera darle información, tras varios minutos, por fin un médico vestido con una especie de pijama azul, y cara desencajada, la cual no daba ninguna señal (ni buena, ni mala), le explico usando una gran cantidad de términos médicos todo lo ocurrido.

    De este monologo lleno de tecnicismos se pudo resumir, que Carmen estaba viva, que fue necesario transfundirle varias unidades de sangre, ya que la hemorragia fue muy importante, y por lo mismo fue necesario quitarle la matriz en una segunda cirugía que ocurrió a las pocas horas de haber terminado la cesárea, porque su útero no dejaba de sangrar, y casi como se le transfundía la sangre, ella la perdía. Pero finalmente se logró contener la hemorragia, pero desafortunadamente nunca más podría embarazarse, lo que entonces la llevó a preguntar qué había pasado con Ingrid.

    En este caso las noticias fueron más optimistas, la bebé había nacido prácticamente sin problemas, únicamente había sido ingresada a la unidad de cuidados intensivos neonatales para vigilancia durante las siguientes veinticuatro horas, pero seguramente todo estaría bien y podría ser dada de alta en breve.

    Pero la situación de Carmen era un poco más compleja, había sido colocado un tubo para apoyarla en su respiración, la presión arterial seguía siendo demasiado alta, y existía un riesgo muy alto de presentar problemas en el corazón y pulmón, debido a toda la sangre que se tuvo que transfundir; por lo que las siguientes horas serían decisivas y su estado era muy grave.

    Capítulo 2. El tiempo pasa volando

    Ingrid caminaba rápidamente para poder alcanzar a la modista que confeccionaría el vestido de graduación. Después de tantos años de estudiar, por fin terminaría su especialidad como endocrinóloga pediatra. Sin duda toda la historia acerca de su nacimiento influyo de manera determinante para decidir el rumbo profesional de su vida, desde pequeña tenía una gran afición a los tema relacionados con la biología y su gran empeño la hizo destacar desde una edad temprana en el ámbito escolar.

    No había sido una tarea fácil, ya que mantener sus estudios, particularmente desde la universidad fue un tema difícil, los costosos libros, el instrumental necesario para la realización de prácticas, y el apoyo económico que era necesario para poder completar sus gastos durante el internado y el servicio social; todo ello complico siempre su difícil situación económica. Pero Ingrid entendía perfectamente su entorno, y en lugar de lamentarse; o como la mayoría de sus amigos de infancia abandonar los estudios, ella lucho mucho por ser competitiva en sus actividades escolares.

    En la vida profesional de Ingrid siempre existió un gran interés por la salud de los niños, no por nada fue exentada en varias de sus materias relacionadas con la pediatría. Y su interés se consolido cuando al tener sus primeras prácticas hospitalarias, tuvo la fortuna de atender a los recién nacidos del hospital donde recibía sus clases de pediatría. Varios de sus compañeros se sentían extraños al atender a los recién nacidos, su fragilidad y dependencia de los cuidados médicos y de enfermería, las causaba mucha ansiedad. Pero Ingrid por el contrario se desenvolvía de manera natural, parecía que estaba hecha para ser pediatra, no sólo por su interés genuino en el cuidado de los niños, sino también por ese aspecto maternal con el que ayudaba a la enfermeras a bañar a los bebes, incluso sacrificando un par de periodos vacacionales para acudir de manera voluntaria al pabellón de neonatología, y dado que no podía estar en las rondas médicas, ya que estaba fuera del periodo escolar; el que las enfermeras la recibieran con gusto, le hizo pasar las mejores vacaciones durante su carrera de medicina.

    Frecuentemente la enfermeras que la encontraban ayudando hombro a hombro durante sus vacaciones, le preguntaban el motivo por el que prefería estar en la acalorada sala de neonatología, en lugar de disfrutar de un merecido descanso en alguna playa. En secreto mantenía que su situación económica no le permitía tomarse esos lujos, pero también les contaba la historia de lo difícil que fue para Carmen traerla al mundo, y todo indica que lo accidentado de su nacimiento fue una bendición para Ingrid, quien sentía de una manera más profunda el cuidado de los niños.

    Meses antes de terminar su servicio social, Ingrid se encontraba en una población rural, donde tenía a su cargo la atención de tres poblados, que en conjunto eran miles de personas. Esta actividad la tuvo muy atareada durante un año, ya que no faltaba el trabajo, y más de una vez algún paciente la despertaba para atender una urgencia. A pesar de lo pesado que era para Ingrid estar fuera de casa y tener sobre sus hombros la responsabilidad de tantas personas; siempre tenía una sonrisa y una palabra de aliento para cada uno de los enfermos que atendía.

    Aunque siempre tenía preferencia por las mujeres embarazadas, que le recordaban a su madre, y sabiendo la historia tan difícil que fue su nacimiento, las cuidaba con mayor esmero. Esto le condiciono ser felicitada en múltiples ocasiones por las autoridades de las poblaciones en donde ella se encontraba, ya que las mujeres a las que Ingrid les cuidaba todo su proceso de embarazo, eran las mejor atendidas de la zona.

    Pero en particular había una adolescente que tenía un embarazo no deseado, situación nada extraña en las poblaciones que atendía Ingrid, que le marco la vida. Alejandra era diferente al resto de las adoscelentes que había visto con embarazos no deseados, ya que a pesar de que el padre hubiera le hubiera negado la paternidad al futuro bebe, y que sus padres le dieran la espalda; se dedicó a trabajar como mesera en uno de los restaurantes a pie de carretera que se encontraba a unos cuantos kilómetros del pueblo. Kilómetros que Alejandra caminaba todos los días, casi hasta el octavo mes de embarazo, cuando el voluminoso abdomen no la dejaba realizar esta travesía.

    Justo en el restaurante de carretera, meses antes, Ingrid se detuvo a comer algo, antes de tomar el autobús, que la llevaría de regreso a casa para tomar unos días de vacaciones, desde el primer momento hubo una espontánea amistad entre ambas mujeres, a pesar de tener seis años de diferencia, compartían el gusto por la música, el cine, pero en especial por la lectura; situación que le pareció extraña a Ingrid, ya que más de la mitad de las personas no sabían leer, y solo unos pocos habían terminado la primaria. Este interés mutuo por la lectura las llevo a establecer una amistad que encontraba pequeños espacios para hablar de sus últimas páginas leídas casi todos los días, y esto sirvió para que Ingrid comenzara a querer poco a poco al futuro bebe de Alejandra; Ingrid se percató del gran valor que era quedarse sola y con la responsabilidad de una vida en su vientre. Y probablemente ese animo que Alejandra irradiaba le ayudo a Ingrid a esforzarse aún más para preparar un examen que era necesario aprobar, para tener acceso a una especialidad. Pero la influencia de Alejandra fue más allá de la fuerza de voluntad, el nacimiento del bebe y sentirlo como de la familia, pero en especial la deformidad en el labio y paladar con la que había nacido el primogénito de Alejandra, le dio la confirmación sobre su necesidad de querer estudiar pediatría y ayudar a los bebes, que como el de Alejandra presentan problemas de salud y se encuentran indefensos ante tal eventualidad.

     

    Después de muchos años de esfuerzos Carmen sentía una gran paz de ver a Ingrid terminar una larga carrera, pero lo que más felicidad le daba era el gusto con el que Ingrid atendía a sus pacientes, y la dedicación con la que estudiaba para ofrecerles lo más posible a todos esos bebes y niños que tenía oportunidad de atender.

    Esa dedicación fue más que suficiente para hacerse notar no solo entre sus pares, sino también con sus profesores y jefes, que siempre la consideración ejemplar, y por tanto fue merecedora a una mención especial durante su graduación, la posibilidad de trabajar en el hospital que la había formado, algo inusual para una endocrinóloga pediatra recién egresada.

    Todos estos eventos conmovieron a Carmen, al grado de no parar de llorar durante toda la ceremonia de graduación. Ya más tarde durante una reunión que tuvieron, todos más tranquilos, disfrutaron de una excelente cena, la cual había sido organizada por los profesores del curso, en un restaurante exclusivo. Situación un poco penosa para Carmen que se encontraba fuera de tono, ya que desde su vestido, la conversación y los alimentos, eran algo extraño para ella. Pero esto no le impidió divertirse, intercambiar anécdotas con otros padres y familiares, e incluso bailar con alguno de los compañeros de Ingrid; ya entrada la fiesta Carmen se atrevió a probar un poco de vino tinto, nunca había asidua a las bebidas con alcohol, pero consideró que la situación lo ameritaba.

    Ya entrada la noche invitados y anfitriones se comenzaron a despedir, fue el momento en que Carmen noto que probablemente no había sido tan buena idea tomar ese delicioso vino tinto, ya que tomo varias copas que se diluían fácilmente entre la plática y las vueltas que daba al bailar con los compañeros de Ingrid.

    Los ahora nuevos endocrinólogos pediatras apreciaban muchísimo a Carmen, ya que siempre se esforzó por compartir su cariño con ellos, y más de una vez, les llevaba cosas para cenar durante sus prácticas médicas, los recibía en su pequeño departamento cuando el sueño era tanto, que ponía en riesgo su viaje a casa. Todos veían en Carmen a un nuevo miembro de la familia, ya que el cariño con el que buscaba ayudarlos en sus noches de estudio colectivo, la había llevado a tener una estrecha relación de amistad con la mayoría de los compañeros de Ingrid.

    Ya al salir, un poco mareada, y acompañada de Ingrid, se sintió un poco débil, situación esperable para la cantidad de vino que había tomado, que no había sido excesiva, pero para quien no está acostumbrado era una cantidad considerable. Así que tuvieron que esperar un poco a que mejorara el estado de Carmen, que además del cansancio, se sentía apenada por haberse expuesto de esa manera ante los compañeros de Ingrid. La cabeza le daba vueltas, y para complementar, algo de la comida no le había caído tan bien, ya que tenía una revolución en el abdomen. Finalmente al ver que no mejoraba, entre Ingrid y uno de sus mejores amigos, decidieron ayudarla para que pudieran tomar el taxi.

    Durante el camino Carmen se quedó dormida en el hombro de su hija, y dada la hora, apenas llego a su cama, e Ingrid la ayudo a cambiarse y ponerse un pijama para que descansara mejor. Para Ingrid fue un día muy largo, muy emotivo, y más que sentirse apenada por la pequeña borrachera de su mamá, estaba muy contenta por la manera en que Carmen disfruto de esa excelsa cena de graduación.

    Muy probablemente la costumbre de estar despierta hasta altas horas de la noche habían acostumbrado a Ingrid a dormir hasta muy entrada la noche; esto sumado al cansancio y la emoción, llevaron a que se sentara a ver uno de los múltiples álbumes de fotos. Ingrid se enterneció al ver sus fotos de pequeña y le llamo la atención lo mucho que su mama había adelgazado, si bien nunca fue una mujer con problemas de peso, se notaba mucho menos robusta en los últimos años. Esto le llamo la atención a Ingrid, y viendo este cambio a lo largo de los años, pensó que en los próximos días llevaría a su mamá a realizar una revisión exhaustiva con uno de sus compañeros de hospital, del área de medicina interna. Su educación sobre las hormonas y sus efectos en el cuerpo, le hicieron pensar en las posibles glándulas que pudieran estar alteradas para que Carmen perdiera tanto peso al paso de los años.

    El sueño hizo su trabajo e Ingrid se quedó dormida en el sofá, con el álbum en las piernas; soñaba que estaba en el hospital atendiendo un bebe recién nacido que tenía problemas para respirar, y ella hacia todo lo posible por ayudarlo a respirar mejor, sin embargo, en una de las maniobras para facilitar su ventilación, él bebe comenzaba a vomitar. Y como en todos los sueños donde ocurren cosas sin explicación, Ingrid noto que hacia demasiado ruido al vomitar, situación inusual en un recién nacido, pero despertó de un brinco al escuchar que él bebe pronunciaba su nombre.

    Carmen que se despertó súbitamente con unas nauseas terribles, y un dolor abdominal que no había sentido nunca. Las náuseas fueron incrementando hasta que con dificultad se levantó de la cama para ir al baño a vomitar. Sin embargo le llamo la atención el aspecto rojizo del contenido proveniente del estómago, pero entonces recordó esas copas de vino tinto, y pensó que se debía a eso. Pero justo cuando se estaba incorporando para regresar a la cama, el dolor en el abdomen, la llevo a regresar al baño y las terribles molestias se complicaron con evacuaciones diarreicas, que sorprendentemente eran de color negro. Esto le llamo mucho la atención, y ya bastante débil, grito desde el baño a Ingrid para que la ayudara.

     

    Ingrid se levantó súbitamente al escuchar el grito de auxilio de Carmen, quien se encontraba sentada en el frio azulejo del baño, con la boca rodeada de huellas de sangre aún fresca. El olor era muy penetrante, muy fétido, sin embargo para Ingrid era algo conocido, desde sus prácticas como estudiante de medicina sabía lo que era la MELENA, aunque nunca espero verla en su casa y menos viniendo de su madre, el sanitario se encontraba sucio de sangre y material fecal que emanaba ese terrible olor, y que visualmente confirmaba las sospechas, ese color negro como del que están hechas las carreteras, solo podía significar que el sangrado que estaba presentando su mamá provenía del estómago; y el hecho de que vomitara sangre fresca (HEMATEMESIS) sin duda era una señal de que el sangrado estaba activo en este momento.

    Aún despierta, pero muy somnolienta Carmen trato levantarse, y requirió todo el apoyo de su hija para poder llegar lentamente hasta la cama. Ingrid sabía perfectamente que la salud, y la vida de su madre corrían un gran peligro, no solo por la presencia de la hemorragia digestiva, sino por el riesgo tan alto que existía de aspirar el contenido del estómago hacia los pulmones, lo cual podía ocasionar terribles complicaciones. Por tanto, al momento de recostarla la coloco de lado, con la finalidad de evitar una aspiración, e inmediatamente llamo a la ambulancia para solicitar su traslado a un servicio de urgencias.

    Los pocos minutos que tardó en llegar la ambulancia fueron una eternidad, ya que el aspecto de Carmen cada vez era más grave, mientras llegaban los paramédicos, Ingrid verifico lo ocurrido en el baño, y el escenario era bastante desolador, ya que la cantidad de sangre que se observaba era muy abundante. Ingrid se hacía ideas sobre él porque su madre estaba presentando esta hemorragia, ya que era una mujer muy sana que pocas veces había requerido acudir con el médico, salvo un poco de inflamación en las piernas y un poco de insomnio eran las únicas molestias que su madre le había mencionado en las últimas semanas. Pero la preocupación por terminar su tesis y el trabajo excesivo le hizo dejarlo pasar, sin darle importancia, esto obviamente la hacía sentir muy mal, ya que asumía una gran culpa por no haberle prestado la atención, que probablemente hubiera podido evitar esta hemorragia.

    Finalmente, y debido a que de noche el tráfico era menos intenso, logró llegar la ambulancia, así que los paramédicos comenzaron a preparar a Carmen para trasladarla el hospital donde laboraba Ingrid; mientras iba en camino hablo con sus compañeros en urgencias para que estuvieran listos a recibirla.

    Al llegar al hospital Ingrid se apresuró a mover la camilla e ingresarla cuanto antes a la sala de urgencias, donde ya estaban sus compañeros, quienes comenzaron a realizar la evaluación de su mamá; y fue hasta ese momento en que le pidieron a Ingrid que mejor saliera a la sala de espera, situación que la tomó por sorpresa, ya que estaba dispuesta a estar presente durante todo el tiempo que requiriera para estar en mejores condiciones. A pesar de la primera negativa a abandonar la sala de urgencias, recapacito y entendió que ella muchas veces había pedido a los padres de un bebe recién nacido que lo dejaran en sus manos en la sala de urgencias, pero solo cuando lo vivió en su propia sangre, entendió lo difícil que es para un ser querido, confiarle su salud y su vida a un desconocido.

    Las siguientes dos horas fueron las más duras de su vida, varios de sus compañeros se acercaban a darle apoyo y tratar de hacerla sentir mejor, pero ella seguía sintiendo que el mundo se le venía abajo, solo pensaba que su vida era imposible sin su mejor amiga y su confidente, su madre era la persona que más la entendía; y habían desarrollado una gran relación, que iba más allá del lazo de madre a hija, era una amistad incondicional que las había unido, incluso en las épocas más difíciles ambas eran su soporte y siempre salían adelante. Pero en esta ocasión Ingrid sabía que las cosas eran diferentes, en esta ocasión el conocer lo que estaba ocurriendo, el saber el pronóstico de su mamá, apuntaba entre varias posibilidades a perderla para siempre. En muchas ocasiones no saber que depara el futuro puede ser menos inquietante, que esa certidumbre de que algo malo está a la vuelta de la esquina, y que toda la medicina, toda la tecnología y todo el conocimiento, pueden ser insuficientes para mantener la vida de una persona.

    Después de dos horas, uno de sus compañeros salió a informarle la situación de su mamá; lo primero que le indico es que se encontraba INTUBADA, es decir le habían colocado un tubo en la garganta para poder respirar, con la finalidad de evitar que la sangre proveniente del estómago se fuera hacia los pulmones, y eso complicara todo, incluso la felicito por haber colocado correctamente a su mama, ya que todo indicaba que no había aspirado nada hacia los pulmones. Lo siguiente que le preguntaron, incluso a modo de reclamo, era saber desde cuando era cirrótica, la sola mención de la palabra fue como un balde de agua fría para Ingrid, que esperaba cualquier cosa, menos que fuera cirrosis hepática la causa del sangrado, ya que su madre bebía en contadas ocasiones, era una mujer muy sana, y jamás había visto ninguna señal aparente de problemas con su hígado.

    Finalmente, el problema en este momento era que su sangre no podía coagular correctamente, y que las PLAQUETAS, que se encargan de favorecer la formación de coágulos, se encontraban muy disminuidas. Además, tenían el problema de que su presión arterial era muy baja, y a pesar de administrarle medicamentos por vía intravenosa para aumentarla, no lo lograban que estuviera estable; no conforme con este escenario seguía vomitando sangre en abundancia.

    Era necesario estabilizar un poco más sus signos vitales, y estaban esperando que les llevaran los CRIOPRECIPITADOS que contienen factores de coagulación, para poder revertir el sangrado, y con la ayuda de una transfusión de plaquetas y de sangre, podrían estar en condiciones de realizar una endoscopia, y así poder determinar y tratar la fuente del sangrado, que todo indicaba podría ser por varices en el esófago. Pero mientras tanto habían decidió trasladarla a terapia intensiva para lograr estabilizarla de manera adecuada y poder continuar con el tratamiento; pero seguía el riesgo inminente de muerte, así como una gran posibilidad de que su riñón se afectara gravemente.

     

    Las siguientes horas fueron muy difíciles para Ingrid, quien antes había tenido uno de los mejores días de su vida, y hoy estaba atravesando una pesadilla, de la cual ya quería despertar. Desafortunadamente la espera se prolongó, pero casi veinte horas después de haber llegado al hospital salió uno de sus colegas, para indicarle que finamente habían podido realizarle la ENDOSCOPIA, y al revisar a través de un equipo con una cámara que permitía visualizar el interior del aparato digestivo, se pudieron utilizar instrumentos que permitieron tratar las VARICES ESOFAGICAS, que había ocasionado la hemorragia.

    Las sospechas se habían confirmado y la presencia de varices esofágicas prácticamente aseguraban el diagnóstico de cirrosis hepática, y eso explica porque nunca Carmen menciono ninguna molestia gástrica, ya que las varices son venas que se encuentran en la periferia del esófago y al aumentar el daño del hígado esas venas se dilatan al llenarse de más sangre y más presión, hasta que en algún momento se rompen, todo esto sin ningún dolor o molestia.

    Después de algunos minutos Ingrid comenzó a recordar cómo se comporta la cirrosis en los adultos, algo que había estudiado hace algunos años, ya que al ser pediatra se había alejado un poco de las enfermedades de los adultos. Pero sus sólidos conocimientos siempre habían sido una gran herramienta para ella, así que sabía perfectamente que el sangrado era uno de varios problemas que este momento tenía que enfrentar su mamá. Y que siempre se corre el riesgo de que nuevas complicaciones se agreguen a la evolución de los pacientes.

    Ingrid recordaba perfectamente que la presencia de cirrosis hepática, implica la posibilidad de presentar alteraciones a muchos niveles, alteraciones de la memoria y la conducta, problemas pulmonares, evidentemente problemas del aparato digestivo como las varices esofágicas, que hoy ponían en riesgo la vida de Carmen; pero también la presencia de líquido en el abdomen que incluso puede llegar a los pulmones.

    Las complicaciones podían alcanzar a otros sistemas, ya que el riñón se puede afectar de manera muy importante, así como el sistema inmune que los predispone a infecciones que en ocasiones pueden ser muy graves, y finalmente una gran afectación de la coagulación, que a veces puede ocasionar una coagulación excesiva, favoreciendo la formación de coágulos, y en ocasiones coagulando menos.

    Todo esto saturo la mente y las emociones de Ingrid, quien evidentemente solo podía pensar en el peor escenario posible. Afortunadamente su colega le indico que pudieron tratar las varices del esófago por medio de la endoscopia y algunos medicamentos que limitan la hemorragia, y todo indicaba, al menos de momento, que la hemorragia se había detenido, y por lo tanto la condición de Carmen, aunque muy delicada, ya era estable.

    Si bien no era la noticia más alentadora era una buena noticia; lo cual le redujo un poco el estrés que no la dejaba pensar correctamente, porque aunque estaba acostumbrada a manejar el estrés relacionado con las enfermedades de sus pacientes, el estar del otro lado, la tenía abrumada.

    Finalmente cayo en cuenta que su estancia como paciente sería larga, así que comenzó a pensar en sus planes para las próxima horas, ya que tenía que organizar su vida para los siguientes días. Lo primero que tenía que hacer era mejorar un poco su aspecto y poder comer algo saludable, ya que de otra manera también ella iba a caer enferma. Así que le pidió a su colega de terapia intensiva que le permitieran verla unos minutos para ir más tranquila a casa.

    La imagen de Carmen con un tubo en la garganta que la ayudaba a respirar, múltiples catéteres por todo su cuerpo, y un color grisáceo, sacaron las lágrimas de Ingrid, que jamás espero ver en esas condiciones a su madre. Sin embargo, revisando sus signos vitales y la evolución durante las horas que siguieron a la realización de la endoscopia, indicaban que se encontraba estable, así que dándole un beso en la frente y deslizándose unas lágrimas sobre su cara, se despidió de su mamá.

    A pesar de que varios compañeros le ofrecieron su auto para desplazarse por la ciudad, Ingrid prefirió tomar un taxi, ya que el cansancio seguramente le cobraría la factura, y no quería agregar más problemas a la situación actual. Y su expectativa se cumplió, ya que en pocos minutos de camino Ingrid se quedó dormida, despertando ante la insistencia del chofer para que lo asesorará sobre el camino que debería tomar, ya que no era sencillo llegar a casa.

    Al abrir la puerta lo primero que percibió es el desastre en el que se encontraba la casa, todo era un caos; pero lo que más le llamaba la atención era el terrible olor a sangre, que le penetraba hasta el fondo del cerebro, un olor que hoy tenía una connotación diferente, y que le recordaba la terrible pesadilla que estaba viviendo. En esas circunstancias era imposible comer algo o descansar adecuadamente, así que inmediatamente se dispuso a poner orden y limpiar su casa.

    Ingrid confirmo algo que ya había vivido desde su educación médica, el trabajo le ayudaba a canalizar las energías negativas, ya que se dispuso hacer labores de limpieza de una manera obsesiva, como si de eso dependiera la salud de Carmen, pero durante las horas que paso limpiando la casa, poco a poco pensó en lo que ocurría, e intento también darle orden a sus pensamientos y sus sentimientos. Y al terminar sus actividades, así como la casa tenía un mejor aspecto, su mente y sus pensamientos eran más claros; aunque no se podría decir lo mismo de su aspecto físico, que entre el sueño y el cansancio, sin duda distaba de la imagen pulcra y elegante que Ingrid había heredado de su madre.

    Un baño fue el detonante para que terminara rendida en la cama durante casi cuatro horas que durmió profundamente, despertando ansiosa, al ver que era bastante tarde y que había pasado más tiempo del que ella había planeado estar en casa. Se levantó de manera súbita, busco ropa limpia y cómoda, tomo una bata blanca limpia, y se dispuso a comer algo rápido, en lo que llegaba el taxi que había pedido por teléfono.

     

     

    A pesar que para Ingrid las horas que había estado fuera del hospital, le parecieron eternas, en realidad había sido poco tiempo, y de momento la condición de su mamá era similar, es decir grave pero estable.

    Después de platicar con sus colegas sobre la condición de su Carmen, Ingrid vio que poco podía hacer en este momento, salvo esperar; y ya con la cabeza más fría decidió cambiar su papel de médico, por el de familiar y comenzar a pensar de ese modo, ya que siempre había escuchado que cuando un médico quiere participar en la toma de decisiones de un familiar cercano, las cosas por lo general se complican, ya que se altera el manejo normal de los pacientes.

    Entre las miles de cosas que pasaban por la mente de Ingrid, hubo una de ellas que comienzo a preocuparle particularmente, y era la necesidad de donadores de sangre, ya que la sangre que le habían transfundido debe ser repuesta. Lo cual parecía una labor sencilla, pero debido a que prácticamente no tenía contacto con su familia, y dado lo adictivo de su trabajo, si círculo de amistades era muy reducido, por lo que empezó a considerar las opciones que tenía para obtener donadores, y lo primero que se le ocurrió es que ella fuera la primera donadora, pero varios de sus compañeros la desaconsejaron, ya que al ser la única persona responsable de la salud de Carmen, no se podía dar el lujo de tolerar la cansancio y decaimiento que en muchas personas se presenta al perder sangre.

    Para Ingrid fue muy emotivo saber que en pocas horas ya había más de veinte personas, que conociendo la situación en la que se encontraba, voluntariamente acudieron al banco de sangre y en menos de veinticuatro horas no solo había repuesto la sangre que le habían transfundido a su mama, sino que pudieron ayudar a otros pacientes de terapia intensiva que no habían conseguido todos los donadores que necesitaban. Y a pesar de que la solidaridad de todos sus amigos dentro del hospital ayudo a resolver el problema de los donadores, no se había dado cuenta de que ya habían pasado casi doce horas desde que había vuelto al hospital, y lo único que había hecho era estar pendiente de toda la gente acudió para donar sangre.

    El gran cansancio y una sensación vacío en el abdomen, le recordaron que tenía que comer algo, pero antes de ir a recargar energías, quiso pasar con su mamá y estar un tiempo con ella. Y de manera espontánea, y aun sabiendo que por la sedación en la que se encontraba no podía escucharla, Ingrid comenzó a platicar con ella, y a contarle las ultimas noticias que había escuchado, y su opinión sobre las mismas. Este tipo de pláticas eran frecuentes, y en múltiples ocasiones tenían ideas contrapuestas, pero que a través del dialogo trataban de mediar, y de esta manera llegar a un mejor entendimiento. Todos alrededor se quedaron sorprendidos de ver a Ingrid que con los ojos al borde del llanto, y la voz entrecortada intentaba mantener ese monologo con su mamá; pero después de varios minutos, y agotar todos los temas de la vida cotidiana Ingrid percibió una gran tranquilidad, que le dejo irse con más calma a descansar y comer algo.

    Dada la hora ya no era conveniente caminar al restaurante al que acostumbraba ir cuando tenía que hacer turnos de noche, un lugar bastante modesto en el que una pareja de personas mayores habían destinado su pensión en una pequeñas cocina y una cafetera italiana que les permitía ofrecer sencillos alimentos, pero que con una excelente calidad de ingredientes y cuidado en su preparación, eran verdaderos manjares. Así que saboreándose unos excelsos molletes caseros y un café deliciosamente aromático, salió a buscar un taxi.

    Antes de que pudiera alzar la mano para llamar al taxi, sintió como su jalaban su bolsa, y un sudor frio corrió por su cuello, al voltear para ver quien intentaba robar sus pertenencias, vio la cara de uno de sus mejores amigos que se acercó para acompañarla, pero al no responderle, lo único que le ocurrió fue jalarle la bolsa, sin saber que corría el riesgo de recibir un golpe, lo cual afortunadamente no ocurrió, pero sí que fue severamente regañado por espantar a la gente en la calle.

    Por fin Ingrid ya sentía deseos de platicar con la gente, y aprovecho que su bromista amigo la acompañara a comer, ya que era una persona muy ocurrente que siempre tenía algún disparate para compartir, con lo que lograba que sus amigos rieran cada vez que platicaban con él, y en esta ocasión no fue la excepción ya que en pocos minutos la tristeza que embarga a Ingrid se fue perdiendo mientras escuchaba las ocurrencias, que aderezaron un desayuno que entre rico y sustancioso, le dieron nuevas energías, y a pesar de lo complicado de la situación, sabía que con los cuidados adecuados su madre tenía que salir adelante, y comprendió que esto solo era el primer paso. Sabía perfectamente que los pacientes con cirrosis, una vez que superan las descompensaciones que los llevan al hospital, pueden tener una buena vida, pero particularmente una buena calidad de vida.

    Ya con una perspectiva más fresca, se dispusieron a volver al hospital, y poner manos a la obra con todo el trabajo pendiente tanto del hospital, como con los cuidados de Carmen, serían días difíciles, pero tenía mucha fe y esperanza en que en algunos días podrían estar juntas en casa nuevamente, y si bien las cosas no volverían a ser iguales, Ingrid estaba completamente segura que encontrarían la manera de adaptar sus nuevas condiciones de vida.

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